Mi relación con las tecnologías nunca ha sido muy buena, tal vez decir que pertenezco a esa gran cantidad de personas constituyentes de la gran brecha digital podría valer como excusa y justificación a una cierta torpeza e incomodidad cada vez que me siento delante del ordenador, pero nada más lejos de mi intención. He conocido gente contemporánea a mí con unas habilidades tecnológicas innatas o congénitas de la que siempre he sentido gran admiración porque me planteaba constantemente la siguiente pregunta: si ellos han "sufrido" esa carencia formativa desde las instancias educativas formales, ¿cómo "narices" se desenvuelven tan bien delante de un ordenador?, ¿por qué sus ojos no hacen el menor gesto de desorbitarse cuando ansiosos delante de la pantalla no encuentran lo que buscan o no saben buscar lo que necesitan encontrar?, ¿de dónde tanta complicidad y guiños cariñosos que hasta en momentos adversos se intenta conservar? Recuerdo hace unos años una amiga mía (una contemporánea mía con habilidades tecnológicas innatas o congénitas) vino a repararme el ordenardor. La verdad es que no recuerdo muy bien cuál era el problema, lo que sí recuerdo fue su cara de impotencia y frustración al no poder resolver el problema ipso facto y de su actitud resolutiva cogiendo la torre y llevándosela debajo del brazo y despidiéndose con cuatro palabras: "mañana te la devuelvo". En resumidas cuentas, creo que yo no he tenido una predisposición a disfrutar con las tecnologías y tampoco sé muy bien porqué, tal vez porque no las he acabado de entender nunca, porque necesito saber porqué en mi pantalla del ordenador me salen cosas incoherentes y no me contesta a lo que yo le pregunto, y tal vez simplemente sea debido a que el hombre y el ordenador son animales totalmente irracionales. A mi favor está que siempre he mostrado una actitud conciliadora y de tender puentes, del "si hay que hacerlo, se hace", cosa que me ayuda a no amedrentarme y a no tener demasiado sentido del ridículo. Con frecuencia me he planteado de asistir a algún curso de informática pero nunca he encontrado el momento. Cabe decir que mi torpeza inicial no se extiende a todas las tecnologías artefactuales ya que siempre he sido muy amiga de la simplicidad de las cosas y de las personas, sólo a aquellos artefactos que por "naturaleza" sean multifuncionales, por ello la bicicleta, el patinete y el hulahop (ese aro de plástico que hacía rodar en mi cintura horas y horas) fueron mis compañeros inseparables de mi infancia. Con esta asignatura me gustaría llegar a encontrarme más cómoda cuando me siento delante de un ordenador y aprender un poco a jugar con él, a pasármelo bien porque creo que sólo cuando vivencias algo con cierta intensidad y de forma lúdica es cuando puedes transmitirlo con más credibilidad.
Ahora voy a hacer un poco de repaso, cosa que llevo haciendo mentalmente desde hace un par de días, de todas las tecnologías artefactuales, simbólicas, organizativas y biotecnológicas que han pasado por mis manos desde mi infancia hasta mi vida adulta. Mi concepto de tecnologías se identificaba totalmente con el tipo artefactuales y especialmente con las que tecnológicamente consideraba más avanzadas como por ejemplo los ordenadores.

Lo primero que recuerdo es un teléfono hecho con dos recipientes de yogures yoplait y una cuerda que los unía. Empezábamos a dar voces y gracias a ello podíamos oirnos. Luego ya pasamos al de verdad, a ese que se colgaba en la pared, de forma cuadrada y con una esfera gigante conteniendo los números que hacíamos girar normalmente con el índice. Pero lo más de lo más llegó cuando nos instalaron el supletorio y pudimos escuchar furtivamente las conversaciones de los mayores. Por esa época, década de los setenta principios ochenta, tengo un recuerdo muy cálido de la pandilla de la calle, formábamos un grupo bastante compacto no sin nuestras rencillas y nuestras manías persecutorias estacionales, pero en general, mi pandilla y la comitiva de fiestas de la berbena de San Juan era una tecnología organizativa bastante compacta aunque al cabo de tres años todo quedó en un "tres i no res" por falta de acuerdos y por el cansancio de los que normalmente llevaban la iniciativa año tras año para organizar la "revetlla de St. Joan". Y yo mientras tanto seguía creciendo no sin mis estancias largas en cama con gripe o simples amigdalitis. Cada vez que superaba una de ellas me miraba al espejo y me veía más alta. Me tapaban con una manta para que sudara pero yo a la que podía abría la ventana de par en par y respiraba aire fresco aun con fiebre. Las medicinas constituyeron el grupo de biotecnologías que me ayudaron a recuperarme más rápido, me las tomaba porque había que hacerlo y porque lo que más me fastidiaba era caer de amigdalitis justo el día anterior a algún acontecimiento importante en mi vida como por ejemplo el carnaval. Recuerdo un año que debía disfrazarme de mujer muy pobre y harapienta y mi hermana de geisha, pues justo el día de antes me empecé a encontrar mal y todo se fue al traste y para más inri mi hermana que se encontraba bien le entró el "tembleque" cuando tuvo que desfilar y se volvió para casa indispuesta. Como he dicho antes fue una época que recuerdo con mucho cariño. Teníamos nuestras creencias del más allá, hasta un día practicamos la ouija con unas compañeras del colegio y nos entró tanto miedo que jamás volvimos a repetir. Estas creencias paranormales constituyeron una característica común en las niñas más que en los niños de nuestra época, sentíamos un cierto morbo hacia ello. Era nuestra tecnología simbólica por excelencia.
Teníamos una radio de los años 50 o 60 que parecía un televisor pero sin pantalla con un teclado
beige y una rejilla gigante a través de la cual se emitían los sonidos. Era una artilugio gigante que casi nos daba un poco de miedo por sus exageradas dimensiones. Y nuestra querida televisión con sólo un par de canales, ¡qué poco nos peleábamos! y unos años más tarde llegó la tele con mando y nuestro padre se hizo amo y señor de él aunque con los años fue cediendo terreno.
beige y una rejilla gigante a través de la cual se emitían los sonidos. Era una artilugio gigante que casi nos daba un poco de miedo por sus exageradas dimensiones. Y nuestra querida televisión con sólo un par de canales, ¡qué poco nos peleábamos! y unos años más tarde llegó la tele con mando y nuestro padre se hizo amo y señor de él aunque con los años fue cediendo terreno. También recuerdo el tocadiscos y el ritual que suponía primero pasar un paño por el disco para quitar cualquier mota de polvo
, colocarlo y bajar manualmente la aguja para que empezara a sonar. El tocadiscos se vió desbancado por el radio-cassette que, al menos el nuestro, tenía una tecla para grabar voz lo cual nos brindó la posibilidad de poder demostrarle a nuestro padre de una vez por todas que roncaba de una manera descomunal. Luego ya llegaron los móviles y yo seguí haciendo un uso básico y simple de él, tal como lo había hecho con todas las tecnologías citadas anteriormente sin tener en cuenta que el número de prestaciones que se ofrecen ahora es infinitamente mayor que antes.
, colocarlo y bajar manualmente la aguja para que empezara a sonar. El tocadiscos se vió desbancado por el radio-cassette que, al menos el nuestro, tenía una tecla para grabar voz lo cual nos brindó la posibilidad de poder demostrarle a nuestro padre de una vez por todas que roncaba de una manera descomunal. Luego ya llegaron los móviles y yo seguí haciendo un uso básico y simple de él, tal como lo había hecho con todas las tecnologías citadas anteriormente sin tener en cuenta que el número de prestaciones que se ofrecen ahora es infinitamente mayor que antes. Con este repaso de mi uso de las tecnologías me ha sido inevitable hacer una comparación con mi vida diaria. En mi casa tengo un video de como mínimo quinta mano con cuatro funciones básicas; al lado tengo un televisor sony de finales de los 90 del cual hago muy poco uso. La nevera, la lavadora y la cocina me las compré hace tres años y recuerdo que me repasé meticulosamente las instrucciones de uso más por responsabilidad como vecina y ciudadana que por interés en sí mismo. Y ahora con Internet tengo que reconocer que es una fuente de conocimiento al que cualquier persona con un mínimo de conocimientos y medios puede acceder y del que hago uso a diario. Espero que con este curso pueda superar esta relación tan aséptica que he tenido con las tecnologías sobre todo artefactuales y aprender a tratarlas de tú a tú, eso sí con todos mis respetos.

ohh qué interesante! ahora sólo te falta la TDT tenemos que ir a comprarla xd
ResponderEliminarAh sí Rubén te lo agradezco mucho, por cierto, ahora estoy liada con el programa Picasa, a ver si lo consigo, besos!
ResponderEliminarY a ver si mejoramos la relación con la tecnología, que por el blog parece que algo sí está mejorando con la asignatura, no????
ResponderEliminarÁnimos!